Mucho caminó Lucía, y a lo largo de su viaje iba siempre acompañada por los ecos de los ecos de aquellas lejanas voces que ella había escuchado, con sus ojos, en la infancia.
Como dormida dentro de sí como durmiendo dentro del agua fuera del tiempo ¿fuera de mí? Mojada de lluvia bañada de aire teñida de sombras cubierta de paz asoma sus alas inquietas, rebeldes y toca tu sed tu habla tu andar despierta en reflejo camina te ve retiene tu aliento fuera del agua dentro del tiempo se pierde en la noche como dormida dentro de sí como durmiendo.
-Pareciera como si ya no escucho más el tren -Lo perdiste… te lo dije… -¡No! Es sólo que lo olvidé -Iba lleno de pasajeros con lágrimas amargas ¿lo sabías? -¿Vos crees? -¿Vos no? -Sí, yo sí, yo viajaba -¿Viajabas mucho? -Viajaba siempre. -¿Viajabas lejos? -Viajaba a oscuras. -¿Viajabas sola? -Viajaba en vano. -¿Llegaste a tiempo? -Llegué sin irme. -¿Estabas viva? -Estaba a tiempo. -¿Te fuiste en vano? -Llegué muy seca. -¿Lloraste lejos? -Estaba herida. -¿Llegaste sola? -Llegué en silencio. -¿Oíste mucho? -Estaba muda. -¿Llegaste herida? -Salí vacía. -¿Volviste a verte? -Quedé empapada. -¿Volvis…- -…shhhhh, que ya nos vimos.
Y porque a veces, la paz se come algunos bocados de ese humo espeso que tapaba el pulmón. Se come lo absurdo. Se trepa en silencio. Distrae a las ansias furiosas que empapelan el infierno.
Y porque a veces, uno se acostumbra a que le falte el aire. Se acostumbra a andar con los vidrios sucios, buscando quizás no mirar para adentro. Lamentando quizás no poder ver hacia fuera. Buscando lo inerte. Durmiendo en el llano. Llorando lo falso.
Y entonces, a veces, se agita el deseo de lo reprimido, se suelta la soga del lobo, del nido, del vacío temido.
Y es que entonces, sólo a veces, se sabe que afuera está corriendo el río. Se sabe que adentro está seco, está tibio.
Y a veces, entonces, se sabe, que secos, morimos de frío.